Cuando salí del hotel con tres maletas, Gabriel ya estaba esperándome dentro del coche. Habían pasado varios meses desde la última vez que nos habíamos visto, pero él sonrió como si me hubiera dejado allí la tarde anterior.
—¿De verdad necesitas viajar con todo eso?
Miré las maletas, después lo miré a él y me encogí de hombros.
—Está siendo un viaje complicado, mejor no preguntes.
Gabriel se bajó del coche para ayudarme, siempre tan caballeroso y atento conmigo.
La verdad era que aquel encuentro no debería haber ocurrido. Él acababa de regresar de un viaje por Asia con su pareja y tenía previsto volar al día siguiente hacia otra ciudad. Yo, en cambio, llevaba varias semanas viajando por Sudamérica por trabajo y aquella tarde abandonaba definitivamente Buenos Aires para continuar hacia Montevideo.
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