Sensaciones entre dos mundos

Hay amores que no se eligen, sino que te eligen a ti.

Uno llega como una tormenta que arrasa con todo,

y el otro como un refugio que te enseña a quedarte.

Y a veces, solo a veces, la vida tiene la osadía de ponerte ambos en el camino al mismo tiempo.

Uno nació bajo el sol escondido de Bogotá, entre ruidos de aviones, donde la vida huele a café recién molido y a piel mojada después de la lluvia.

Es el amor que vibra sin avisar, el que te recuerda quién eres cuando no tienes miedo,

el que te devuelve las ganas de saltar aunque no haya suelo.

Tiene ritmo, tiene fuego, tiene historia.

Es ese amor que duele y al mismo tiempo te resucita. Del que cierras capítulo mil veces pero siempre vuelve para hacerte volver a vibrar…

El otro habita en la calma ordenada de la ciudad europea donde los días se construyen con propósito y las noches tienen sabor a vino y certeza.

Es el amor que no promete vértigo, sino paz.

El que no te arrastra, pero te acompaña.

El que no grita, pero sostiene.

Su ternura es una casa donde todo se apacigua, donde el invierno aunque frío se siente amable con un abrazo entre mantas y el silencio ya no asusta. Da calma y tranquilidad, donde te refugias para luego volver a volar…

Europa me da estructura, refugio, estabilidad.

Latinoamérica me da alma, pasión, latido.

En una parte del mundo respiro,

en la otra ardo.

Y entre ambas orillas, mi corazón aprendió a ser nómada.

A no necesitar pertenecer para sentir que estoy en casa.

A entender que puedo amar sin quedarme atrapada.

Porque no pertenezco a un hombre,

ni siquiera a una historia.

No pertenezco a un lugar.

Pertenezco a mi misma, a mi propia historia intercontinental, al viento que me lleva

donde aún tengo algo que vivir, que sentir, que amar.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones con Leiva, la bañera y otras formas de volver a casa

Esa noche fue la tercera vez que vi a Leiva en concierto.

Y no sé qué tipo de magia tiene ese hombre, de verdad. No hay fuegos artificiales, no hay coreografías, no hay pantallas futuristas. Son cuatro tíos a la guitarra. Y sin embargo, hay algo ahí. Algo que te atraviesa el pecho y se te queda a vivir en la boca del estómago.

Siempre que salgo de un concierto suyo pienso lo mismo: yo no soy fan de Leiva; pertenezco a su ecosistema.

Porque hay artistas que escuchas, y otros que te construyen por dentro.

A Leiva no lo descubrí en una playlist ni en TikTok. A Leiva lo encontré conduciendo sola a la universidad, con el CD de Pereza girando en mi coche mientras cruzaba Madrid con veinte años y el alma hecha un lío.

Lo encontré en las fiestas de mi pueblo, sonando a fondo en los bares de barra pegajosa y corazones adolescentes.

Lo encontré debajo de una manta en pleno agosto con 39 de fiebre, llorando una canción mientras me dolía el amor y el cuerpo a la vez.

Lo encontré en mi bañera muchas noches de invierno, con espuma hasta los hombros, agotada del mundo, cantando bajito “Terriblemente cruel” como quien  trata de curarse el alma desde el agua.

Y lo volví a encontrar anoche, una vez más, con esa sensación de que no estaba sola del todo.

Leiva nunca ha sido un tipo que me parezca de una presencia imponente sino más bien especial, único en su estilo y atractivo a su manera pero no es eso… es más bien lo que transmite y como lo transmite. Tiene ese aire canalla de barrio madrileño, de tipo que no olvida de dónde viene, de hombre que aún te agradece que compres una entrada.

Y luego están los misterios: que si el sombrero (¿calvo? ¿no calvo?), que si los ojos (¿uno de cristal? ¿leyenda urbana?). Da igual. No quiero saberlo.

Porque hay personas que cuanto menos sabes, más sientes. Y sus canciones no se escuchan, se sienten.

Se siente en las letras que arañan, en las pausas que duelen, en esa forma de cantar como si no supiera hacerlo de otra manera.

En los dos primeros conciertos que fui de él, me acompañó alguien muy especial.

Un amigo al que quiero profundamente.

Nos conocimos en Madrid hace años y construimos una amistad que fue hogar en medio del caos.

Durante más de cuatro años compartimos tardes de cine, domingos de mercado, cumpleaños compartidos, paseos por Madrid Río, noches de té y películas en casa mientras el mundo allá fuera hacía ruido. Vacaciones en nuestro Cádiz del alma y siempre Leiva sonando de fondo… Además él era mi compañero de conciertos de Leiva.

Y ayer, en el tercero, no pudo estar.

Digamos que “no está en su mejor momento” como dice la canción, ahora vivimos en ciudades distintas y la vida a veces se pone difícil sin avisar.

Pero mientras Leiva cantaba Lady Madrid, con los ojos llenos de luces y la garganta apretada, le sentí ahí, conmigo, y reviví con nostalgia nuestra época dorada de treintañeros en la que exprimimos Madrid al máximo juntos. 

Le mandé vídeos del concierto como quien lanza un mensaje en una botella.

Y me di cuenta de que hay personas que siempre están, aunque ya no estén cerca.

También mi cabeza voló pensando en todas las veces que he vivido lejos. Colombia, México, Londres, Dublín. Y pronto… nuevos destinos aguardan!!

Y cómo cada vez que me siento fuera de lugar pasando largas temporadas en otros países, hay una canción que me devuelve a casa: Lady Madrid. Siempre es esa. La misma en bucle. Como si las guitarras tuvieran GPS emocional y supieran exactamente dónde estoy rota.

Anoche, cuando salí del concierto, escuché a gente muy niños aún diciendo que Leiva es la banda sonora de su vida. Y no voy a mentir: me dio un poco de risa. Porque hay cosas que no se pueden heredar por postureo. Una cosa es escucharlo ahora, y otra haberlo vivido siendo milenial (si lo eres sabes de que hablo) Una cosa es conocer la canción, y otra es haberla llorado en su tiempo con fiebre, con espuma, con miedo, con esperanza. Crecer y progresar en la vida al mismo tiempo que tu artista favorito. Y volver a ese estadio hoy después de veinte años escuchándole en sus diferentes etapas, encontrarse frente a frente con él llenando estadios todavía y tú sabiendo que también estás logrando tus sueños y todo lo que aún está por venir, acompañada de gente que amas profundamente en la butaca de al lado, de personas que no conoces pero que comparten el mismo sentimiento (o eso creo) y su música, cantando a pulmón abierto (aunque lo hago fatal) y saltando y emocionándome con su música como desde los inicios no tiene precio.

Yo sí puedo decirlo: Leiva es la banda sonora de mi vida.

Y no necesito que nadie lo entienda.

Solo necesito que siga tocando y haciendo conciertos de vez en cuando.

Besos Sensacionales de Allegra.

Sensaciones de cuando dejas de ver fronteras y empiezas a ver personas

Este blog no nació para hablar de geopolítica

(aunque es un tema que me apasiona).

Tampoco para analizar guerras ni convertir la actualidad en titulares de opinión.

Pero hay días en los que lo humano pesa más que lo estético.

Más que lo esperado. Más que lo cómodo.

Y este es uno de esos días.

Estos días, como muchos, sigo las noticias.

Israel, Irán, Gaza, Ucrania, Estados Unidos, Sudán del Sur…

Las amenazas. Las represalias. Los misiles.

Las imágenes pixeladas. Los vídeos que ya no se pueden borrar de la mente una vez vistos.

Y los rostros enmudecidos por el miedo.

Y más allá del ruido, lo que me sacude no es el conflicto en sí,

sino las vidas que quedan atrapadas en él.

Pienso en los miembros de las familias que no pueden comunicarse entre ellos.

En quienes viven o tienen seres queridos en Irán, en Israel, en Gaza o en cualquier otro país en guerra.

En quienes esperan mensajes de “sigo bien” que no llegan porque el internet está bloqueado.

Pienso en la distancia que se convierte en abismo.

En el miedo.

En la impotencia.

En el desarraigo.

Y en medio de todo eso, me doy cuenta, una vez más, de lo profundamente afortunada que soy.

Tengo el privilegio de viajar por el mundo.

De conocer a personas de culturas que hace años me resultaban lejanas.

He compartido aulas, clases, cafés, proyectos y silencios con estudiantes y colegas de decenas de países.

Y cuando haces eso durante suficiente tiempo, algo cambia:

las fronteras se desdibujan, y en su lugar empiezas a ver personas.

Ves la sonrisa de un estudiante libanés que sueña con estudiar medicina en Europa.

Ves a una compañera iraní que ama las letras, el arte, la ciencia y la vida, como cualquier otra.

Ves a tu amiga judía en México, celebrando el shabat con su familia y haciendo todo lo posible por no mirar las noticias de Tel Aviv.

Recuerdas a ese compañero ucraniano que llegaba cada mañana a la oficina con una entereza silenciosa, sabiendo que su familia seguía en zona de guerra.

Y al profesor venezolano que dejó atrás todo lo que tenía por disentir, y empezó de cero con dignidad.

A tu amiga ecuatoriana, marcada para siempre por una tragedia extrema que nunca debería haber ocurrido.

Y a tantos estudiantes que llegaron a ti desde Colombia, Rusia, Cuba, Egipto, Corea, México, Brasil o Venezuela, entre otros tantos países, buscando refugio, buscando consuelo, buscando futuro.

Uno, incluso, acompañado de su padre que te suplicó que lo matricularas, porque si regresaban… no volvería con vida.

Y entonces aprendes.

Aprendes que se puede amar a una amiga judía, empatizar con un colega iraní, escuchar a un refugiado sin juzgar su historia,

y al mismo tiempo cuestionar los distintos gobiernos del mundo sin caer en contradicciones.

Porque los pueblos no son los gobiernos.

Y porque, en todos los países, hay gente buena y gente que no lo es.

Pero sobre todo, hay personas que solo quieren vivir en paz.

Hay quienes nunca han tenido que salir corriendo de su país.

Y hay quienes no tuvieron más remedio.

Hay quienes nacen en tierra firme.

Y quienes nacen en tierra herida.

Y quienes nacen en tierra en guerra.

La diferencia no la marca el mérito: la marca la suerte, más las ganas y el coraje que tú le pones para cambiar tu situación personal, para salir del hoyo en el que te encuentras.

Y por eso, desde esta casa mía,

en pleno centro de Madrid,

con agua saliendo del grifo,

con una nevera llena y un techo estable,

yo doy gracias cada día.

Por haber nacido en este país.

En esta patria.

En este continente que, más allá de sus gobiernos y colores,

sigue siendo tierra de paz, de cultura, de historia y de derechos humanos.

A veces lo olvidamos.

Nos quedamos atrapados en las broncas, en los titulares,

en la política de plató y en los debates de salón.

Pero España y Europa son mucho más que el gobierno de turno.

España es mucho más que lo que se grita en redes sociales.

España es el abuelo que te enseña lo que es la dignidad,

con esa fortaleza silenciosa que nunca necesitó grandes palabras (gracias abuelo, te extraño 💗).

Es la abuela que no te deja irte sin comer (Carmen y Justa se llaman ❤️).

Es la vecina que te riega las plantas cuando estás fuera.

Es el sol en diciembre.

El aplauso en el teatro, los conciertos y cines de verano.

Y la risa que se cuela por los balcones.

España es hogar.

Y desde ese hogar,

hoy abrazo al mundo con el alma abierta y los ojos conscientes.

Porque hoy, más que nunca,

necesitamos mirarnos sin banderas

y reconocernos simplemente como personas.

Personas que aman.

Que pierden.

Que esperan.

Que se ayudan.

Que se reconocen en los ojos del otro, independientemente de la nacionalidad. (Te Amo💙)

Personas que no deberían tener que sufrir una guerra para ser vistas.

Y que no deberían tener que abandonar sus países jamás, si así no lo desean.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones sin filtro: Crónica de un cansancio hermoso (Mi Quito querido)

No sé en qué momento dejé de distinguir si me dolía el cuerpo por la altura o por la vida.

Si era el estómago o el alma lo que pedía tregua.

Si el mareo era un virus invisible o el vértigo de estar justo donde soñé.

La ciudad me abrazó con niebla, con taxis ruidosos,

con reuniones que eran más promesa que presente.

Y yo, que venía con miedo a que no funcionara,

terminé funcionando más de lo que podía dar.

No sé cómo pasó.

Solo sé que un día me desperté liderando algo que parecía imposible,

y al día siguiente una parte de mí ya no quería demostrar nada.

Tuve frío.

Tuve fiebre.

Tuve éxito.

Tuve ganas de abrazar a alguien y no soltarle hasta volver a Madrid.

A veces pienso que los viajes —o ciertos lugares, ciertas circunstancias—

nos devuelven versiones de nosotros mismos que habíamos intentado evitar.

Y este, en concreto, me devolvió a la que se rompe sin permiso,

la que llora en un hotel mientras firma contratos,

la que extraña una lengua propia mientras traduce emociones en inglés.

También hubo un gesto. Y una frase.

De esas que no se gritan porque se dicen con los ojos,

porque nacen del cariño silencioso.

Un “cómo estás” con el tono exacto,

una presencia sin juicio,

un cuidado que no pidió nada a cambio.

Una forma de sostener sin sujetar.

De acompañar sin ruido,

de permitirme ser sin exigir.

Y aunque no tenga nombre ni título,

sé que ese gesto nacido de un corazón grande y tierno me sostuvo más que cualquier tratamiento médico.

Y fui.

Una mezcla rara entre mujer, niña, jefa y corazón a medio cocinar.

Me quedé quieta. Me dejé cuidar. Me dejé ver.

Ahora vuelvo.

A Madrid, a mi casa, a mis cosas.

Con una maleta llena de nuevas oportunidades, medicamentos, chocolate ecuatoriano y café colombiano.

A dejar que todo se recomponga.

Y una sensación nueva:

no tengo que demostrar nada a nadie.

Solo ser.

Y, si puedo, amar en mi idioma.

Aunque sea en silencio.

Gracias, Quito querido.

Por desnudarme el alma y el corazón con altura.

Por recordarme que a veces, solo a veces,

parar por un momento es la forma más honesta de ir adelante.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones de sueños que te hacen despertar

SUEÑO

Pusiste tu frente contra la mía, mirándome a los ojos con esa intensidad que lo devoraba todo, como si en tu mirada se librara una batalla silenciosa que solo yo podía entender. La música retumbaba en el aire, pero para mí solo existía el murmullo de tu respiración cerca, demasiado cerca. La pista de baile se desdibujaba entre luces azules y rojas, cuerpos en movimiento, risas ahogadas. Todo alrededor era ruido.

Agarraste mi nuca con fuerza, como si temieras que me desvaneciera en el aire, como si quisieras que el tiempo se detuviera en ese instante que no nos debíamos permitir. Tu otra mano en mi cintura, firme, como ancla, como grillete.

—Dime que esto no es un sueño —susurraste, y el mundo se detuvo.

Y por un momento te creí.

Por un instante volví a pensar que éramos posibles, que los años de idas y vueltas podían borrarse, que el daño, la ausencia y los silencios no pesaban más que este instante. Por un momento quise rendirme otra vez a ti, como tantas veces antes, como si no supiera ya el final de nuestra historia.

Pero lo sabía.

Y aún así me dejé arrastrar.

La ilusión se instaló en mi pecho como un veneno dulce, adictivo. Abrí la puerta de mi casa, de mi vida, de mi piel, y te dejé entrar otra vez. Fingí no recordar todas las veces que me dejaste atrás, todas las veces que prometiste y después desapareciste, volando lejos, siempre lejos.

Te creí.

Y luego volviste a hacer lo que siempre hacías.

DESPERTAR

No fue en una ciudad lejana ni en una noche cualquiera, sino en mitad de la nada, en un rincón perdido entre el mar y la selva, donde la traición ya no se molestó en esconderse. Allí estabas, con el agua resbalando por tu piel, con el reflejo de la luna partiéndose en la ducha al aire libre. No hubo sombras, no hubo puertas cerradas. No hubo ni siquiera el intento de disimular.

Me viste.

Y no hiciste nada.

No hubo explicaciones, ni excusas a medias. Solo el sonido del agua golpeando el suelo, el murmullo de la selva y el vacío brutal de entender que nunca tuve un lugar a tu lado.

Así que me fui.

Recogí mis cosas al amanecer, mientras tú aún dormías en otros brazos, ajeno a todo. Crucé la cabaña con una calma absurda, sin dramatismos, sin despedidas. Me fui del hotel.

No hice preguntas, no dejé notas, no miré atrás.

El mar me encontró sentada en la orilla, con el teléfono vibrando entre mis manos y tu nombre parpadeando en la pantalla. Nunca respondí.

Seguí adelante, más lejos de ti que nunca. Me convencí de que era la última vez, me prometí que ya no habría más segundas oportunidades, ni llamadas, ni mensajes tardíos que me revolvieran el alma.

Y sin embargo, a veces, cuando cae la noche y los recuerdos se cuelan en los sueños sin permiso, vuelves a estar ahí.

Con la frente contra la mía.

Con la mentira en los labios.

Con la misma pregunta en la boca.

Pero esta vez, aunque mi subconsciente me traicione, sé la respuesta.

Sí, era un sueño.

Uno del que ya desperté.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones al límite

El tiempo pasa, la vida en calma,

aparentemente para otros ahí fuera, 

pero aquí adentro el pecho duele, 

la herida no sana, se abre nuevamente,

y no precisamente en calma.

El tiempo pasa, te digo cómo me siento,

y tú no haces nada, dejando que todo pierda su esencia, la quietud de mi alma…

Te dejas aconsejar por ella, dime, ¿cómo te va? Nunca has conseguido una relación de verdad, ¿será que sus consejos no dan para más? ¿será por no querer dejar el pasado atrás? Solo te pedí un poco de respeto y mirar al futuro conmigo pero no fuiste capaz…

Yo no te hice elegir, tienes total libertad, pero hay cosas que rayan, que no sientan bien, que se deben de respetar, si no haces espacio, si no sabes soltar, dime ¿cómo crees que yo puedo encajar?

Me llevaste al límite, y no pude más, perdóname si no era lo que esperabas, lo siento en el alma pero tampoco fui capaz de aguantar, la falta de respeto me destruyó por dentro porque yo soy legal, porque yo procure siempre tu bienestar…

La confianza siempre estuvo, innecesario ponerme a prueba, lo que tuve que pasar, si estiras mucho la cuerda se rompe, por segunda vez no se puede arreglar…

Te Amo, la vida entera contigo quisiera pasar, pero ya no es posible, el chicle no se puede estirar más… 

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones que te dejan sin palabras

Versión en español

Y entonces, lo que ha de ser, será,

aunque te escondas, aunque falles al andar.

Por veredas erradas, te puedes desviar,

pero al destino final, siempre lograrás llegar.

Dicen de libre elección, de poder decidir,

pero creo que su existir es solo un suspirar.

En el viaje, es valentía el comenzar a caminar,

caer y alzarse, errar y luego rectificar.

Hacia ese destino escrito, sin mucho divagar,

¿acaso el albedrío no es solo un mar en calma?

Y yo, sin saber por qué, plasmo este sentir,

pensando en ti, en un sueño sin fin.

Eras mi destino, claro como el cristal,

treinta y nueve inviernos para finalmente hallar

tu presencia, regalo de Reyes, sin par.

Tardé en encontrarte, en el camino tropecé,

caí y me levanté, sufrí y más fuerte me erguí.

¿Por qué no te vi hace veinte años? Aun me pregunté,

pero perfecto fue tu momento, necesario fue el viaje,

para estar listos, para este amor desplegar.

Tengo tanto que decirte, y me faltan palabras,

soy escritora, mas ante ti, mi voz se apaga.

Cuando el silencio habla, es porque el sentir es más grande,

profundo, magnífico, inefable,

lo que por ti siento, vasto e indomable,

me asusta, me da fuerza, me hace invencible,

para enfrentar lo nunca imaginado, contigo, indescriptible.

English version

And then, what must be, will find its way,

though you hide, though you stray.

On mistaken paths, you may roam,

but to your final destiny, you’ll always come home.

They speak of free will, of choices to make,

but I believe it’s just a momentary wake.

On the journey, bravery is in taking the first step,

to fall and rise, err and correct.

To that written destiny, without much ado,

is freedom not just a calm sea to view?

And I, not knowing why, these words I pen,

thinking of you, in a dream without end.

You were my destiny, clear as day,

thirty-nine winters to finally say

your presence, a Magi’s gift, unparalleled display.

Late I found you, on the path I stumbled,

fell and stood up, suffered and humbled.

Why not twenty years ago? I still query,

but perfect was your timing, the journey necessary,

to be ready, for this love to carry.

So much to tell you, yet words fail,

a writer I am, but before you, my voice trails.

When silence speaks, it’s because the feeling is vast,

deep, wondrous, beyond the cast,

what I feel for you, immense and vast,

frightens yet strengthens, makes me bold,

to face the unimaginable, with you, untold.

Besos sensacionales de Allegra

Sensaciones de amores no planeados. Manifiesto de Amor al Universo.

Que me vengas a buscar, dispuesto a darme tu mano para llevarnos juntos por el mundo y ya no me la sueltes más… 

Que viajemos y vivamos por todo el mundo, que nos dé igual el lugar mientras nuestra compañía sea la mejor que podíamos esperar…

Que creemos grandes memorias para el recuerdo de pequeños momentos, muchas historias que contar…

Que no haya más miedos al futuro incierto que está por llegar, que el pasado no nos atormente más…

Que tengamos la fortaleza suficiente para creer el uno en el otro, en nuestra decisión de  en lo nuestro apostar…

Esto ya no hay quien lo detenga, el Amor creció a pesar de las resistencias auto impuestas, ya solo podemos dejarlo que salga a fuera, a flote, nuestros corazones ya gritan por encima de nuestras cabezas…

Y quien me iba a decir esto a mi… fuiste un amor no planeado, lo mismo yo para ti, totalmente espontáneo, no viniste en tu mejor momento, ni en el mío, pero ahora ya que estás en mi vida, y yo en la tuya, no queremos ni podemos dejarnos ir… por mucho que lo hemos intentado… solo nos queda apartar los miedos a un lado, enfrentar los pequeños obstáculos, zambullirnos juntos de lleno, y fluir con la corriente por este rio que nos arrastra a vivir momentos mágicos y únicos juntos… siempre juntos de aquí en adelante…donde el viento y la vida nos lleve… que el Universo nos proteja y Dios nos guíe…

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones soñando contigo a mi lado…

Y lo que quiero que sea, que sea contigo, donde tenga que ser, da igual el espacio, pero a tu lado, porque desde que te he visto por primera vez te he sentido, muy dentro, como si hubieras estado siempre aquí cerca de mi, como si te conociera de mil vidas anteriores, como si nuestros corazones hubieran palpitado siempre al unísono hasta el momento de encontrarnos justo en este momento preciso, porque has resonado tan fuerte que siento cierta obsesión desde el principio, que me produce ansiedad perderte y no sé de dónde me viene, y me enloquece lo irracional del asunto cuando todavía apenas te conozco, cuando todavía apenas estamos iniciando, cuando vivo pregonando mi libertad a los cuatro vientos y ahora me siento atada irremediablemente a ti, y ni siquiera tengo intención de escapar de tus brazos, porque en mi interior percibo e intuyo que contigo seré más libre de lo que nunca fui antes en mi camino en solitario, que podré amar libremente y con una paz de espíritu y calma que desconocía hasta ahora, que la confianza y el respeto son la base y es mutuo, que nuestras almas van de la mano desde ahora andando el mismo camino juntos desde el punto de inicio en que nuestros senderos se cruzaron, que la intimidad será pura pasión y desconcierto de lo nunca antes experimentado, que ya en mi mente lo he vivido e imaginado pues la atracción es fuerte, potente, que los días llenos de retos serán mágicos a tu lado, que por ti y por mi dejaré que la corriente fluya, que me lleve río abajo, que estando juntos saldremos ambos completamente de lo rutinario y reforzados de lo vivido hasta ahora por separado, que el pasado queda borrado, que solo importan los momentos presentes que suman a tu lado, que el futuro nos espera cargado de regalos, realmente no tengo ni idea que pasará mañana o en unos años… pero lo único que importa es que con calma y mucho amor deseamos intentarlo…

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones de Amor de Verano

En domingos como hoy escucho constantemente la lista de música francesa que ponías en mi Spotify en mi móvil que nos acompañaba para tomar la última copa en el sofá y pasar la noche… se quedó guardada en mi biblioteca y ahora la aprovecho para erizar mi piel recordándote: tu gusto tan refinado, tan elegante, tu tono de voz tan francés y sensual susurrándome al oído, tus manos tan grandes y delicadas en aspecto y movimiento, tus labios gruesos y tan sabrosos sobre los míos, los cuales te gustaba sobre dibujar con tu dedo pulgar mientras tus ojos azules se clavaban en mi con esa mirada tan fija e intensa ardiendo en deseo, eran la chispa que encendían nuestro fuego, era ese gesto tuyo la llave que abría paso a la noche llena de pasión que nos aguardaba, tu cuerpo delgado y tonificado, con tus músculos sutilmente marcados, que me encantaba acariciar a besos de arriba abajo, y que me hacía enloquecer con cada lunar que descubría en cada centímetro de esa piel tan fina, casi translúcida y suave, estaba convencida de que todos esos lunares creaban constelaciones y contaban una historia casi mística uniéndolos con mi dedo en un basto dibujo a lo largo y ancho de tu espalda mientras lo hacía… echo de menos las noches de verano contigo, tus besos, tus abrazos tan espontáneos, tu sonrisa picara, nuestros planes improvisados en esas vacaciones que nos conocimos y conectamos, pero los amores de verano son eso… estacionales y pasajeros… vienen a llenar nuestra vida estival de emociones durante un ratito, para recordarnos que aún podemos sentir intensamente, que estamos más vivos que nunca, nos revuelven, nos emocionan, y luego se van… sirven para sonreír haciendo memoria en mitad del frío invierno…

Besos sensacionales de Allegra