Historias fugaces de amor que dejan huella para toda la vida. Parte I.

No sé porque motivo extraño, sin venir a cuento y sin tener un momento explícito que me recordará a él me ha vuelto su recuerdo a la mente…y no me lo puedo quitar de la cabeza, pensando que habrá sido de ese chico tan…no sabría ni cómo definirlo de lo especial y diferente que es en serio, si lo conocieras me entenderías... no sigue ningún prototipo, no puedo ni etiquetarlo ni clasificarlo dentro de una especie de tipos de tíos, solo te puedo decir que es una sorpresa constantemente y nunca sabes por dónde te va a salir…igual por eso me marcó y me volvió loca, pero loca de la cabeza, fue algo tan excitante y tan inexplicable a la vez…

Su recuerdo

La cuestión es que llevo días con su recuerdo muy vívido y recordando cada detalle de aquella historia como si la estuviera viviendo otra vez de verdad cada vez que dejo la mente en blanco, me quedo embelesada, porque de verdad que no hago esfuerzos por recordarlo, simplemente es algo que me viene y ya…y ahí me quedo cual idiota, recordando con sonrisa tonta, porque nisiquiera es algo que me esté rallando o comiendo la cabeza por ello, bueno dicen que las cosas pasan por algo, y dicen que cuando de repente piensas en alguien sin saber porque puede ser que esa persona te esté recordando o va a volver a reaparecer en tu vida inminentemente, ¿telepatía? ¿seguimos conectados? Tal vez…

El Comienzo de una historia increible

Hace un año más o menos, conocí a este chico por redes sociales, en una página de esas de conocer gente en tu ciudad, estaba aburrida aquella tarde…y empezamos a hablar, por aquel entonces yo andaba con viajes de trabajo muy seguidos y él estaba en Dubai destinado por un tiempo, así que estuvimos hablando durante dos meses, primero por el chat y luego por el whatsapp, me mandaba fotos de su destino exótico y yo de mis viajes, teníamos charlas muy interesantes e incluso intercambiábamos notas de voz, ahí ya le empecé a notar que era muy inquieto en todos lo sentidos, curioso en exceso y una mente brillante, siempre experimentando y probando cosas nuevas, como yo pero multiplicado a la enésima potencia con esa hiperactividad física y mental, tuvimos una conexión muy fuerte, pero no sé porque, y eso que aún no le conocía, a mí a veces me intimidaba…

La primera cita, ¿Cómo lo haces? ¿Por qué me pones tan nerviosa?

Cuando regresó de Dubai y yo ya estaba más tranquila de viajes, quedamos una tarde entre semana, me invito a tomar algo en un bar irlandés del norte de Madrid, y yo no sé qué me pasó que cuando le vi enmudecí, me puse nerviosísima, me temblaban las piernas y las manos, no porque fuera excesivamente guapo, es un chico de apariencia muy normal, fue su mirada, su gesto intimidante, esa hiperactividad nerviosa y así estuve toda la tarde, no conseguí calmarme interiormente ni un solo minuto, aquello me descuadró, ¡yo de esa guisa! yo que siempre soy la que rompe el hielo, la que no tiene vergüenza a hablar con nadie, la que habla por los codos, y allí me vi muda, dejándole que tomará las riendas y sintiéndome totalmente ridícula en aquella situación… además él no me apartaba esa mirada, buscaba el acercamiento constantemente, me cogía de la mano, me dibujo tatuajes a boli en los antebrazos y me hacia preguntas, me estaba sometiendo a un riguroso examen y yo  no sé porque narices le dejé hacer y me comporté como una niña buena y obediente cuando ¡no lo soy!

Al final de la tarde se despidió con un beso suave y dulce en los labios, me dijo que necesitaba saber si conectábamos también de esa forma, nos despedimos y me dijo que nos veríamos otro día, por lo visto aprobé el examen con nota. De vuelta a casa pensaba que como era posible, sino me había sentido yo misma ni por un solo momento, ni había sido capaz de expresarme libre y tranquilamente ni un solo minuto, porque me sentí tan vulnerable delante de él, como un libro abierto, como una niña pequeña poniendo ojos pero observando a la vez, aunque lo raro de verdad es que no me llegué a sentir incomoda del todo, simplemente tuve una serie de sensaciones extrañas que nunca había experimentado anteriormente, me desnudaron entera de cuerpo y alma estando vestida con una cerveza en la mano, llegaron hasta el fondo de mi ser en pocas horas y me abrieron como una flor en primavera…eso fue exactamente lo que pasó ¿cómo lo consiguió?

Segunda cita, si me lo cuentan no me lo creo…

A los tres días me escribió para volver a vernos, y si la primera cita fue de película, la segunda de ciencia ficción, quedamos en la Puerta del Sol a las diez de la noche de un viernes para ir a cenar y dar una vuelta por Huertas, hasta aquí todo normal, yo salí de mi casa arreglada a las nueve para llegar en hora, pero con los nervios, cuando iba a mitad de camino ya en el metro me di cuenta de que me había dejado el móvil en casa ¡idiota por enésima vez! Respiré profundo tratando de reconfortarme a mí misma diciéndome que no pasaba nada, que todo iba a ir bien, que cuando llegará a la Puerta del Sol lo iba a encontrar allí, porque por una vez iba en hora…y si llegaba puntual por lógica allí debería de estar esperándome ¿no?, solo había un pequeño detalle…es que no habíamos concretado sitio exacto y ese centro neurálgico de Madrid, los viernes se pone a rebosar y bien puedes quedar en el “kilómetro 0”, en “El Oso y El Madroño”, en “La MariBlanca” o en cualquiera de las tres bocas de metro existentes…así que cuando llegué me fui al Kilometro 0 porque yo siempre quedo allí, es mi punto de referencia con mis amigos, pero debe de ser que el suyo no porque no estaba, espere un rato…nada…así que esquivando a las mil y una personas que había repetí la misma operación hasta dos veces, por todos los puntos de encuentro que ya he enumerado, las diez y media de la noche, este chico desaparecido y yo sin móvil, empecé a sentirme otra vez ridícula y a sospechar que igual estábamos jugando al gato y al ratón por la Plaza, y que cuando yo estaba en un punto, él en otro y no coincidíamos. Cuarenta minutos después pensé que no tenía ni el día ni futuro con aquel chaval y decidí coger el metro para volver a mi casa frustada, cuando llegará y recuperará mi móvil olvidado le llamaría para disculparme y despedirme de él, el destino no nos quería juntos…todo esto lo iba pensando camino del metro…cuando ya entré al metro me di cuenta de que no tenía mi plano, ¡y es que en el móvil llevamos la vida! Así que cogí uno de papel, lo desplegué para ver la ruta más rápida de vuelta a casa, y en ese mismo instante ¡me dio una corazonada! Vi la línea marrón que iba hasta su casa, porque sabía su parada de metro de la cita anterior, solo que tenía que hacer un transbordo en Goya desde Sol, y allá que me fui caminito de su casa en vez de la mia, o parada de metro porque no sabía exactamente donde vivía… a ver si me le encontraba porque igual él también había esperado y estaba camino de su casa, ¡pero loca dónde vas! Pensé, pero era mayor el impulso y la fuerza motriz que no sé de dónde me salió, para ir a su búsqueda, que las ganas de volverme a mi casa, fue el corazón el que me guío, lo tengo clarísimo…

Prometo que hay segunda parte con final genial de esta historia fugaz de amor…pero es que si te cuento todo del tirón vas a hiperventilar de tanta emoción  🙂

Besos Sensacionales de Allegra

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