Sensaciones de días en lo que algo cambia…

Eran días en los que nada parecía cambiar y, sin embargo, todo empezó a moverse por dentro de una manera desconocida para mí, con calma, pero con convicción.

No hubo grandes gestos ni decisiones contundentes, fue el pasar de los días lentamente…
Solo una conversación un domingo cualquiera, un silencio más largo de lo habitual y una sensación incómoda difícil de explicar que se quedó flotando en el aire.

Al principio dolió, no por lo que había pasado, sino por lo que ya no encajaba como antes, porque me di cuenta que posiblemente ahí no era más… la realidad de la situación me cayó como un jarro de agua fría en la cabeza.

Después llegó algo distinto. Una especie de claridad inesperada, como si el ruido se hubiera apartado lo suficiente para dejar ver lo que llevaba tiempo ahí, esperando, y justamente eso era… me había cansado de poner mi vida en pausa y esperar.

No era tristeza. Tampoco alivio del todo.
Era más bien espacio. Necesidad de tomar acción.

En esos días, todo lo cotidiano siguió igual: la casa, el trabajo, los mensajes, las rutinas pequeñas. Pero por dentro algo había cambiado de lugar, esa fuerza interior que fue creciendo día a día, y que curiosamente no sé de donde surgió ni de dónde venía ¿quizás de aceptar la realidad de la situación que no daba para más? ¿Quizás de no poner más resistencia a lo que tenía que pasar? ¿Quizás de soltar y decidir empezar a confiar en el proceso? Si me preguntas, no lo sé, honestamente no tengo la respuesta aún para esto… solo sé que ahí estaba ¡dándome impulso!

Y entonces… empezaron a aparecer ideas nuevas, planes que antes parecían lejanos o innecesarios, sueños que había abandonado. Viajes que ya no dependían de nadie, solo de mi.
Decisiones que no necesitaban consenso.
Ganas de hacer cosas que habían quedado en pausa sin saber muy bien por qué.

Y, con ellas, una energía conocida, casi olvidada. No era euforia. Era reconocimiento. Como encontrarse de nuevo en un sitio propio después de haber estado demasiado tiempo adaptándose a otro.

Hubo un momento concreto, casi imperceptible, en el que dejó de doler lo que se iba y empezó a tomar forma lo que venía. Y entonces todo tuvo sentido. No porque hubiera respuestas claras,
sino porque ya no hacían falta.

A veces, los cambios más importantes no llegan con ruido. Llegan así, en silencio, despacio, sin avisar, y ya nada vuelve a ser igual…

Besos Sensacionales de Allegra.

Criatura Hermosa…

Criatura hermosa… criatura hermosa de pelo castaño… de reflejos dorados y cobrizos como

frondosos bosques de otoño…. de inmensos ojos verdes infinitos.. como colinas de verde pasto en

primavera… de piel fría y blanca… casi translucida… como la nieve gélida en invierno… de alma

guerrera y fuego… que quema como los rayos de sol en verano… de espíritu libre y rizos al viento…

de labios gruesos y sonrisa eterna… de voz dulce y aspecto delicado como la flor más bella… de

fuerza y presencia inconmensurables como tronco de árbol centenario con profundas raíces… bien

arraigada a la tierra que la vio nacer… ligera de equipaje en cada nuevo viaje… vuela alto y lejos

como las aves migratorias pero siempre regresa… nunca pierde el norte guiada por su brújula

interna… eligiendo su próximo destino hacia dónde apunta su corazón… criatura hermosa y

extraña… mi amada… ella…

Besos Sensacionales de Allegra

Lo que aprendo de las piedras que encuentro en el camino…

En esta vida he tenido la suerte y la desgracia de pasar por ciertos periodos críticos, puntos de inflexión como se suelen llamar, momentos límites que nos hacen cambiar de percepción y de cómo vemos la vida, instantes que marcan un antes y un después como solemos decir. Digo desgracia, porque son momentos en los que te puedes llegar a hundir con el barco completo, y si no resistes, puedes caer en depresión o crisis de ansiedad, y eso siempre deja secuelas psicológicas difíciles de superar, pero poder, se puede aunque cueste… Y digo suerte, porque voy consiguiendo levantarme y salir adelante, entonces me quedan las enseñanzas, lo positivo,  todo lo que aprendí por el camino, eso es lo que merece la pena, lo que nos hace fuertes, personas maduras y que crezcamos emocionalmente.

En mi caso, ya te digo, he tropezado con muchas piedras, y muy duras a veces, pero esas piedras siempre me han dejado heridas, cicatrices e inmensas lecciones que hoy quiero compartir contigo, me quedan muchas más por aprender, pero hasta el día de hoy te puedo decir que:

Sigue leyendo «Lo que aprendo de las piedras que encuentro en el camino…»