Sensaciones entre dos mundos

Hay amores que no se eligen, sino que te eligen a ti.

Uno llega como una tormenta que arrasa con todo,

y el otro como un refugio que te enseña a quedarte.

Y a veces, solo a veces, la vida tiene la osadía de ponerte ambos en el camino al mismo tiempo.

Uno nació bajo el sol escondido de Bogotá, entre ruidos de aviones, donde la vida huele a café recién molido y a piel mojada después de la lluvia.

Es el amor que vibra sin avisar, el que te recuerda quién eres cuando no tienes miedo,

el que te devuelve las ganas de saltar aunque no haya suelo.

Tiene ritmo, tiene fuego, tiene historia.

Es ese amor que duele y al mismo tiempo te resucita. Del que cierras capítulo mil veces pero siempre vuelve para hacerte volver a vibrar…

El otro habita en la calma ordenada de la ciudad europea donde los días se construyen con propósito y las noches tienen sabor a vino y certeza.

Es el amor que no promete vértigo, sino paz.

El que no te arrastra, pero te acompaña.

El que no grita, pero sostiene.

Su ternura es una casa donde todo se apacigua, donde el invierno aunque frío se siente amable con un abrazo entre mantas y el silencio ya no asusta. Da calma y tranquilidad, donde te refugias para luego volver a volar…

Europa me da estructura, refugio, estabilidad.

Latinoamérica me da alma, pasión, latido.

En una parte del mundo respiro,

en la otra ardo.

Y entre ambas orillas, mi corazón aprendió a ser nómada.

A no necesitar pertenecer para sentir que estoy en casa.

A entender que puedo amar sin quedarme atrapada.

Porque no pertenezco a un hombre,

ni siquiera a una historia.

No pertenezco a un lugar.

Pertenezco a mi misma, a mi propia historia intercontinental, al viento que me lleva

donde aún tengo algo que vivir, que sentir, que amar.

Besos Sensacionales de Allegra

Historias fugaces de amor que dejan huella para toda la vida. Parte II.

Retomando la historia del post anterior que puedes leer aquí, te sigo contando…

Siguiendo mi  instinto, mi corazón o mi sexto sentido de mujer, como lo quieras llamar, y sin saber muy bien que es lo que hacía porque a día de hoy sigo pensando que se me fue la cabeza… cogí la primera línea de metro de Sol hasta Goya y cuando me disponía a hacer el transbordo a la línea marrón ¡me lo encontré!

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Historias fugaces de amor que dejan huella para toda la vida. Parte I.

No sé porque motivo extraño, sin venir a cuento y sin tener un momento explícito que me recordará a él me ha vuelto su recuerdo a la mente…y no me lo puedo quitar de la cabeza, pensando que habrá sido de ese chico tan…no sabría ni cómo definirlo de lo especial y diferente que es en serio, si lo conocieras me entenderías... no sigue ningún prototipo, no puedo ni etiquetarlo ni clasificarlo dentro de una especie de tipos de tíos, solo te puedo decir que es una sorpresa constantemente y nunca sabes por dónde te va a salir…igual por eso me marcó y me volvió loca, pero loca de la cabeza, fue algo tan excitante y tan inexplicable a la vez…

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