Sensaciones entre dos mundos

Hay amores que no se eligen, sino que te eligen a ti.

Uno llega como una tormenta que arrasa con todo,

y el otro como un refugio que te enseña a quedarte.

Y a veces, solo a veces, la vida tiene la osadía de ponerte ambos en el camino al mismo tiempo.

Uno nació bajo el sol escondido de Bogotá, entre ruidos de aviones, donde la vida huele a café recién molido y a piel mojada después de la lluvia.

Es el amor que vibra sin avisar, el que te recuerda quién eres cuando no tienes miedo,

el que te devuelve las ganas de saltar aunque no haya suelo.

Tiene ritmo, tiene fuego, tiene historia.

Es ese amor que duele y al mismo tiempo te resucita. Del que cierras capítulo mil veces pero siempre vuelve para hacerte volver a vibrar…

El otro habita en la calma ordenada de la ciudad europea donde los días se construyen con propósito y las noches tienen sabor a vino y certeza.

Es el amor que no promete vértigo, sino paz.

El que no te arrastra, pero te acompaña.

El que no grita, pero sostiene.

Su ternura es una casa donde todo se apacigua, donde el invierno aunque frío se siente amable con un abrazo entre mantas y el silencio ya no asusta. Da calma y tranquilidad, donde te refugias para luego volver a volar…

Europa me da estructura, refugio, estabilidad.

Latinoamérica me da alma, pasión, latido.

En una parte del mundo respiro,

en la otra ardo.

Y entre ambas orillas, mi corazón aprendió a ser nómada.

A no necesitar pertenecer para sentir que estoy en casa.

A entender que puedo amar sin quedarme atrapada.

Porque no pertenezco a un hombre,

ni siquiera a una historia.

No pertenezco a un lugar.

Pertenezco a mi misma, a mi propia historia intercontinental, al viento que me lleva

donde aún tengo algo que vivir, que sentir, que amar.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones con Leiva, la bañera y otras formas de volver a casa

Esa noche fue la tercera vez que vi a Leiva en concierto.

Y no sé qué tipo de magia tiene ese hombre, de verdad. No hay fuegos artificiales, no hay coreografías, no hay pantallas futuristas. Son cuatro tíos a la guitarra. Y sin embargo, hay algo ahí. Algo que te atraviesa el pecho y se te queda a vivir en la boca del estómago.

Siempre que salgo de un concierto suyo pienso lo mismo: yo no soy fan de Leiva; pertenezco a su ecosistema.

Porque hay artistas que escuchas, y otros que te construyen por dentro.

A Leiva no lo descubrí en una playlist ni en TikTok. A Leiva lo encontré conduciendo sola a la universidad, con el CD de Pereza girando en mi coche mientras cruzaba Madrid con veinte años y el alma hecha un lío.

Lo encontré en las fiestas de mi pueblo, sonando a fondo en los bares de barra pegajosa y corazones adolescentes.

Lo encontré debajo de una manta en pleno agosto con 39 de fiebre, llorando una canción mientras me dolía el amor y el cuerpo a la vez.

Lo encontré en mi bañera muchas noches de invierno, con espuma hasta los hombros, agotada del mundo, cantando bajito “Terriblemente cruel” como quien  trata de curarse el alma desde el agua.

Y lo volví a encontrar anoche, una vez más, con esa sensación de que no estaba sola del todo.

Leiva nunca ha sido un tipo que me parezca de una presencia imponente sino más bien especial, único en su estilo y atractivo a su manera pero no es eso… es más bien lo que transmite y como lo transmite. Tiene ese aire canalla de barrio madrileño, de tipo que no olvida de dónde viene, de hombre que aún te agradece que compres una entrada.

Y luego están los misterios: que si el sombrero (¿calvo? ¿no calvo?), que si los ojos (¿uno de cristal? ¿leyenda urbana?). Da igual. No quiero saberlo.

Porque hay personas que cuanto menos sabes, más sientes. Y sus canciones no se escuchan, se sienten.

Se siente en las letras que arañan, en las pausas que duelen, en esa forma de cantar como si no supiera hacerlo de otra manera.

En los dos primeros conciertos que fui de él, me acompañó alguien muy especial.

Un amigo al que quiero profundamente.

Nos conocimos en Madrid hace años y construimos una amistad que fue hogar en medio del caos.

Durante más de cuatro años compartimos tardes de cine, domingos de mercado, cumpleaños compartidos, paseos por Madrid Río, noches de té y películas en casa mientras el mundo allá fuera hacía ruido. Vacaciones en nuestro Cádiz del alma y siempre Leiva sonando de fondo… Además él era mi compañero de conciertos de Leiva.

Y ayer, en el tercero, no pudo estar.

Digamos que “no está en su mejor momento” como dice la canción, ahora vivimos en ciudades distintas y la vida a veces se pone difícil sin avisar.

Pero mientras Leiva cantaba Lady Madrid, con los ojos llenos de luces y la garganta apretada, le sentí ahí, conmigo, y reviví con nostalgia nuestra época dorada de treintañeros en la que exprimimos Madrid al máximo juntos. 

Le mandé vídeos del concierto como quien lanza un mensaje en una botella.

Y me di cuenta de que hay personas que siempre están, aunque ya no estén cerca.

También mi cabeza voló pensando en todas las veces que he vivido lejos. Colombia, México, Londres, Dublín. Y pronto… nuevos destinos aguardan!!

Y cómo cada vez que me siento fuera de lugar pasando largas temporadas en otros países, hay una canción que me devuelve a casa: Lady Madrid. Siempre es esa. La misma en bucle. Como si las guitarras tuvieran GPS emocional y supieran exactamente dónde estoy rota.

Anoche, cuando salí del concierto, escuché a gente muy niños aún diciendo que Leiva es la banda sonora de su vida. Y no voy a mentir: me dio un poco de risa. Porque hay cosas que no se pueden heredar por postureo. Una cosa es escucharlo ahora, y otra haberlo vivido siendo milenial (si lo eres sabes de que hablo) Una cosa es conocer la canción, y otra es haberla llorado en su tiempo con fiebre, con espuma, con miedo, con esperanza. Crecer y progresar en la vida al mismo tiempo que tu artista favorito. Y volver a ese estadio hoy después de veinte años escuchándole en sus diferentes etapas, encontrarse frente a frente con él llenando estadios todavía y tú sabiendo que también estás logrando tus sueños y todo lo que aún está por venir, acompañada de gente que amas profundamente en la butaca de al lado, de personas que no conoces pero que comparten el mismo sentimiento (o eso creo) y su música, cantando a pulmón abierto (aunque lo hago fatal) y saltando y emocionándome con su música como desde los inicios no tiene precio.

Yo sí puedo decirlo: Leiva es la banda sonora de mi vida.

Y no necesito que nadie lo entienda.

Solo necesito que siga tocando y haciendo conciertos de vez en cuando.

Besos Sensacionales de Allegra.

Sensaciones de cuando dejas de ver fronteras y empiezas a ver personas

Este blog no nació para hablar de geopolítica

(aunque es un tema que me apasiona).

Tampoco para analizar guerras ni convertir la actualidad en titulares de opinión.

Pero hay días en los que lo humano pesa más que lo estético.

Más que lo esperado. Más que lo cómodo.

Y este es uno de esos días.

Estos días, como muchos, sigo las noticias.

Israel, Irán, Gaza, Ucrania, Estados Unidos, Sudán del Sur…

Las amenazas. Las represalias. Los misiles.

Las imágenes pixeladas. Los vídeos que ya no se pueden borrar de la mente una vez vistos.

Y los rostros enmudecidos por el miedo.

Y más allá del ruido, lo que me sacude no es el conflicto en sí,

sino las vidas que quedan atrapadas en él.

Pienso en los miembros de las familias que no pueden comunicarse entre ellos.

En quienes viven o tienen seres queridos en Irán, en Israel, en Gaza o en cualquier otro país en guerra.

En quienes esperan mensajes de “sigo bien” que no llegan porque el internet está bloqueado.

Pienso en la distancia que se convierte en abismo.

En el miedo.

En la impotencia.

En el desarraigo.

Y en medio de todo eso, me doy cuenta, una vez más, de lo profundamente afortunada que soy.

Tengo el privilegio de viajar por el mundo.

De conocer a personas de culturas que hace años me resultaban lejanas.

He compartido aulas, clases, cafés, proyectos y silencios con estudiantes y colegas de decenas de países.

Y cuando haces eso durante suficiente tiempo, algo cambia:

las fronteras se desdibujan, y en su lugar empiezas a ver personas.

Ves la sonrisa de un estudiante libanés que sueña con estudiar medicina en Europa.

Ves a una compañera iraní que ama las letras, el arte, la ciencia y la vida, como cualquier otra.

Ves a tu amiga judía en México, celebrando el shabat con su familia y haciendo todo lo posible por no mirar las noticias de Tel Aviv.

Recuerdas a ese compañero ucraniano que llegaba cada mañana a la oficina con una entereza silenciosa, sabiendo que su familia seguía en zona de guerra.

Y al profesor venezolano que dejó atrás todo lo que tenía por disentir, y empezó de cero con dignidad.

A tu amiga ecuatoriana, marcada para siempre por una tragedia extrema que nunca debería haber ocurrido.

Y a tantos estudiantes que llegaron a ti desde Colombia, Rusia, Cuba, Egipto, Corea, México, Brasil o Venezuela, entre otros tantos países, buscando refugio, buscando consuelo, buscando futuro.

Uno, incluso, acompañado de su padre que te suplicó que lo matricularas, porque si regresaban… no volvería con vida.

Y entonces aprendes.

Aprendes que se puede amar a una amiga judía, empatizar con un colega iraní, escuchar a un refugiado sin juzgar su historia,

y al mismo tiempo cuestionar los distintos gobiernos del mundo sin caer en contradicciones.

Porque los pueblos no son los gobiernos.

Y porque, en todos los países, hay gente buena y gente que no lo es.

Pero sobre todo, hay personas que solo quieren vivir en paz.

Hay quienes nunca han tenido que salir corriendo de su país.

Y hay quienes no tuvieron más remedio.

Hay quienes nacen en tierra firme.

Y quienes nacen en tierra herida.

Y quienes nacen en tierra en guerra.

La diferencia no la marca el mérito: la marca la suerte, más las ganas y el coraje que tú le pones para cambiar tu situación personal, para salir del hoyo en el que te encuentras.

Y por eso, desde esta casa mía,

en pleno centro de Madrid,

con agua saliendo del grifo,

con una nevera llena y un techo estable,

yo doy gracias cada día.

Por haber nacido en este país.

En esta patria.

En este continente que, más allá de sus gobiernos y colores,

sigue siendo tierra de paz, de cultura, de historia y de derechos humanos.

A veces lo olvidamos.

Nos quedamos atrapados en las broncas, en los titulares,

en la política de plató y en los debates de salón.

Pero España y Europa son mucho más que el gobierno de turno.

España es mucho más que lo que se grita en redes sociales.

España es el abuelo que te enseña lo que es la dignidad,

con esa fortaleza silenciosa que nunca necesitó grandes palabras (gracias abuelo, te extraño 💗).

Es la abuela que no te deja irte sin comer (Carmen y Justa se llaman ❤️).

Es la vecina que te riega las plantas cuando estás fuera.

Es el sol en diciembre.

El aplauso en el teatro, los conciertos y cines de verano.

Y la risa que se cuela por los balcones.

España es hogar.

Y desde ese hogar,

hoy abrazo al mundo con el alma abierta y los ojos conscientes.

Porque hoy, más que nunca,

necesitamos mirarnos sin banderas

y reconocernos simplemente como personas.

Personas que aman.

Que pierden.

Que esperan.

Que se ayudan.

Que se reconocen en los ojos del otro, independientemente de la nacionalidad. (Te Amo💙)

Personas que no deberían tener que sufrir una guerra para ser vistas.

Y que no deberían tener que abandonar sus países jamás, si así no lo desean.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones sin filtro: Crónica de un cansancio hermoso (Mi Quito querido)

No sé en qué momento dejé de distinguir si me dolía el cuerpo por la altura o por la vida.

Si era el estómago o el alma lo que pedía tregua.

Si el mareo era un virus invisible o el vértigo de estar justo donde soñé.

La ciudad me abrazó con niebla, con taxis ruidosos,

con reuniones que eran más promesa que presente.

Y yo, que venía con miedo a que no funcionara,

terminé funcionando más de lo que podía dar.

No sé cómo pasó.

Solo sé que un día me desperté liderando algo que parecía imposible,

y al día siguiente una parte de mí ya no quería demostrar nada.

Tuve frío.

Tuve fiebre.

Tuve éxito.

Tuve ganas de abrazar a alguien y no soltarle hasta volver a Madrid.

A veces pienso que los viajes —o ciertos lugares, ciertas circunstancias—

nos devuelven versiones de nosotros mismos que habíamos intentado evitar.

Y este, en concreto, me devolvió a la que se rompe sin permiso,

la que llora en un hotel mientras firma contratos,

la que extraña una lengua propia mientras traduce emociones en inglés.

También hubo un gesto. Y una frase.

De esas que no se gritan porque se dicen con los ojos,

porque nacen del cariño silencioso.

Un “cómo estás” con el tono exacto,

una presencia sin juicio,

un cuidado que no pidió nada a cambio.

Una forma de sostener sin sujetar.

De acompañar sin ruido,

de permitirme ser sin exigir.

Y aunque no tenga nombre ni título,

sé que ese gesto nacido de un corazón grande y tierno me sostuvo más que cualquier tratamiento médico.

Y fui.

Una mezcla rara entre mujer, niña, jefa y corazón a medio cocinar.

Me quedé quieta. Me dejé cuidar. Me dejé ver.

Ahora vuelvo.

A Madrid, a mi casa, a mis cosas.

Con una maleta llena de nuevas oportunidades, medicamentos, chocolate ecuatoriano y café colombiano.

A dejar que todo se recomponga.

Y una sensación nueva:

no tengo que demostrar nada a nadie.

Solo ser.

Y, si puedo, amar en mi idioma.

Aunque sea en silencio.

Gracias, Quito querido.

Por desnudarme el alma y el corazón con altura.

Por recordarme que a veces, solo a veces,

parar por un momento es la forma más honesta de ir adelante.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones de sueños que te hacen despertar

SUEÑO

Pusiste tu frente contra la mía, mirándome a los ojos con esa intensidad que lo devoraba todo, como si en tu mirada se librara una batalla silenciosa que solo yo podía entender. La música retumbaba en el aire, pero para mí solo existía el murmullo de tu respiración cerca, demasiado cerca. La pista de baile se desdibujaba entre luces azules y rojas, cuerpos en movimiento, risas ahogadas. Todo alrededor era ruido.

Agarraste mi nuca con fuerza, como si temieras que me desvaneciera en el aire, como si quisieras que el tiempo se detuviera en ese instante que no nos debíamos permitir. Tu otra mano en mi cintura, firme, como ancla, como grillete.

—Dime que esto no es un sueño —susurraste, y el mundo se detuvo.

Y por un momento te creí.

Por un instante volví a pensar que éramos posibles, que los años de idas y vueltas podían borrarse, que el daño, la ausencia y los silencios no pesaban más que este instante. Por un momento quise rendirme otra vez a ti, como tantas veces antes, como si no supiera ya el final de nuestra historia.

Pero lo sabía.

Y aún así me dejé arrastrar.

La ilusión se instaló en mi pecho como un veneno dulce, adictivo. Abrí la puerta de mi casa, de mi vida, de mi piel, y te dejé entrar otra vez. Fingí no recordar todas las veces que me dejaste atrás, todas las veces que prometiste y después desapareciste, volando lejos, siempre lejos.

Te creí.

Y luego volviste a hacer lo que siempre hacías.

DESPERTAR

No fue en una ciudad lejana ni en una noche cualquiera, sino en mitad de la nada, en un rincón perdido entre el mar y la selva, donde la traición ya no se molestó en esconderse. Allí estabas, con el agua resbalando por tu piel, con el reflejo de la luna partiéndose en la ducha al aire libre. No hubo sombras, no hubo puertas cerradas. No hubo ni siquiera el intento de disimular.

Me viste.

Y no hiciste nada.

No hubo explicaciones, ni excusas a medias. Solo el sonido del agua golpeando el suelo, el murmullo de la selva y el vacío brutal de entender que nunca tuve un lugar a tu lado.

Así que me fui.

Recogí mis cosas al amanecer, mientras tú aún dormías en otros brazos, ajeno a todo. Crucé la cabaña con una calma absurda, sin dramatismos, sin despedidas. Me fui del hotel.

No hice preguntas, no dejé notas, no miré atrás.

El mar me encontró sentada en la orilla, con el teléfono vibrando entre mis manos y tu nombre parpadeando en la pantalla. Nunca respondí.

Seguí adelante, más lejos de ti que nunca. Me convencí de que era la última vez, me prometí que ya no habría más segundas oportunidades, ni llamadas, ni mensajes tardíos que me revolvieran el alma.

Y sin embargo, a veces, cuando cae la noche y los recuerdos se cuelan en los sueños sin permiso, vuelves a estar ahí.

Con la frente contra la mía.

Con la mentira en los labios.

Con la misma pregunta en la boca.

Pero esta vez, aunque mi subconsciente me traicione, sé la respuesta.

Sí, era un sueño.

Uno del que ya desperté.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones de locura emocional por el Amor perdido: no me juzgues…

Sensaciones de locura emocional por el Amor perdido: no me juzgues

Sensación de pérdida…

¿En qué momento te perdí? ¿Y en qué momento me perdí a mi misma? Teníamos sueños y planes de una vida en conjunto, y un día sin más se esfumaron… dejamos de soñar juntos para soñar por caminos separados… bueno… más bien tú… porque yo he seguido soñado contigo y con nuestra vida… mientras tú dices haber avanzado yo me he quedado frenada en el mismo sitio por mucho tiempo, esperando a que te dieras la vuelta y volverías a por mí o a que alguien o algo, viniera a barrer y recoger los pedazos en los que me rompí en ese mismo punto del camino… me he sentido impedida de recomponerme, de avanzar y de caminar, y a pesar de que pasan los meses sigo más o menos igual…

Sigue leyendo «Sensaciones de locura emocional por el Amor perdido: no me juzgues…»

Criatura Hermosa…

Criatura hermosa… criatura hermosa de pelo castaño… de reflejos dorados y cobrizos como

frondosos bosques de otoño…. de inmensos ojos verdes infinitos.. como colinas de verde pasto en

primavera… de piel fría y blanca… casi translucida… como la nieve gélida en invierno… de alma

guerrera y fuego… que quema como los rayos de sol en verano… de espíritu libre y rizos al viento…

de labios gruesos y sonrisa eterna… de voz dulce y aspecto delicado como la flor más bella… de

fuerza y presencia inconmensurables como tronco de árbol centenario con profundas raíces… bien

arraigada a la tierra que la vio nacer… ligera de equipaje en cada nuevo viaje… vuela alto y lejos

como las aves migratorias pero siempre regresa… nunca pierde el norte guiada por su brújula

interna… eligiendo su próximo destino hacia dónde apunta su corazón… criatura hermosa y

extraña… mi amada… ella…

Besos Sensacionales de Allegra

El Amor tiene cura o eso dicen…

He comprendido que estoy enferma de amor, que la fiebre y la calentura de esta última semana tienen que ver contigo, que las noches de insomnio pasadas son por las horas que dedico a pensar en ti y no por la molesta tos, mi cuerpo me pide que reaccione, me dice que basta ya, que descanse y que desconecte, y como yo no paro me obliga a parar, mi cabeza echa humo y mi corazón arde en un fuego que nunca se apaga, pero ya no puedo más… cada vez que te vuelvo a ver las ascuas que dejaste de la última vez se reavivan dentro de mi, y la fiebre vuelve… y la obsesión vuelve… el otro día delante del retrato de Juana la Loca lo entendí, estoy enferma de amor como ella, o quizás sea obsesión… ahí mismo tú me dijiste que ella no era un ejemplo a seguir, que había pasado encerrada más de la mitad de su vida… y yo no vivo encerrada en una torre, pero vivo prisionera de mis sentimientos por ti, ellos sí que viven encerrados en mi corazón, deseando manifestarse, queriendo brotar a través de mi boca con miles de “te quiero” cada vez que te veo… queriendo besarte y abrazarte sin parar a través de mi cuerpo… pero yo no les dejo, les obligo a vivir entre rejas prisioneros… simulando una falsa amistad que no existe solo para poder verte y que tú te sientas en paz, pero ya no más… yo no me siento en paz… yo sueño con estar contigo, aquí, ahora y dónde sea, me da igual el lugar, el país y la ciudad, eres mi amor platónico desde que comenzó mi adolescencia, el que admiro, el que anhelo, el que quiere mi alma, por que si por mi fuera ya no te querría… pues no hago otra cosa que sufrir, o porque estás a miles de kilómetros o porque estás a mi lado y no te puedo tocar… ya no aguanto más y es hora de que lo sepas, no puedo ser tu amiga, y te pido perdón por ello, por ser tan débil de espíritu y tan frágil de corazón, por romper la promesa que te hice de conservar la amistad, pero no puedo entiéndeme… es imposible pasar cinco minutos a tu lado sin que me saques una sonrisa, me hagas reír, y al mismo tiempo sienta una profunda tristeza, y quiero vivir, vivir feliz y en paz, sentirme plena y correspondida, y no puedo obligarte a amarme porque yo soy la primera que clama libertad por todos los poros de su piel, yo nací libre y así quiero vivir; no quiero ser más esclava de mis emociones, sentirme febril por amor, quiero volar por el mundo libre de cadenas, quiero volver a ser la dueña de mi corazón… puedo vivir sin ti, no te necesito, pero mi alma, mi corazón se aferran a ti con demasiada fuerza, es un dolor lento y pausado, no sé cómo explicarte… es como una agonía lenta, si no te manifiestas lo sobrellevo, si tengo noticias de ti me emociono para luego hundirme de nuevo y tener que salir a flote… y ya me cansé de remolcar la barca constantemente, ahora con esta confesión ya sabes la verdad y me libero con ella… no me volverá a doler la garganta por no poder hablar y decirte lo que realmente siento y pienso, no volveré a tener fiebre por arder en tan intenso deseo… si quieres estar conmigo y vivir en un mundo de ensueño aquí estaré, como bien sabes mi puerta siempre está abierta para el verdadero amor, llama cuando quieras… y si no a pesar del dolor, respeto tu decisión, te deseo la mayor felicidad del mundo allí donde te encuentres con quien sea, con esa persona que te podrá dar lo que yo no pude… espero que entiendas que a veces es mejor renunciar y pasar el , la fiebre, la molestia y recuperarse aunque el dolor se haga mucho más intenso durante un período corto de tiempo que continuar alimentando la esperanza de algo que no tiene razón de ser, que por mucho que yo quiera y que no entienda nunca fue para ser… y aquí le vuelvo a pedir al de los imposibles que si no te decides por volver, por mi… que considere la opción B, que no es más que otro imposible mayor, que es el olvidarte y suprimir toda esperanza de mi corazón… te amo y te amaré siempre…

Besos Sensacionales de Allegra

Si tu supieras…

Situación 1: cae la noche, sus amigos quedan en el bar de siempre, y ella no va, prefiere quedarse en casa retozándose de ganas…

Si tú supieras lo que te echo de menos…

Si tú supieras lo que te echo de menos… si supieras cuanto te extraño…. saber que estás en el bar a unos pasos… y yo no puedo ni verte ni tocarte… pero noto tu presencia… siempre he sentido cuando estás cerca… siempre he sabido cuando me rondas… pero esta vez el destino no nos quiere juntos… nuevamente nos separa… una noche más… un día más… intento buscar refugio en otros brazos, en otras voces… en otras atenciones… en otros ojos tu mirada de fuego ardiente y dulce como la miel, esa que me desea comer… que me hace estremecer… pero no puedo ni debo… vetada me tienes en un falso intento de alejarme de ti y tu voracidad por mi… pero tú tienes más miedo que yo del encuentro… pues sabes que si me ves caerás a mis pies nuevamente… y tú tan libre, tan independiente, tan dominante… no soportas que yo te dirija a mi voluntad, que el deseo te pueda más que tu lógica, que te lances en picado a por mi, perdiendo el norte y corriendo el riesgo que crees correr… pero nunca fue ni ha sido así… más bien fui tu salvación mucho tiempo, tu agradable hogar donde venias a escapar del banal mundo que te rodeaba, yo era tu verdadero abrigo para cuando sentías frió y soledad pero nunca lo reconocerás… siempre tan fuerte, tan duro, tan hombre… pues yo reconozco ante ti y todos que volvería a caer en tus brazos si en este mismo instante te tuviera enfrente, y hoy hubiera sido lo suficientemente valiente para haber bajado al bar a encontrarme con mi mayor vicio frente a frente…

Situación 2: Par de dos que juegan a ser falsos amigos, el problema es que uno de ellos sigue enamorado del otro…

Sigue leyendo «Si tu supieras…»

Tarde fría de reflexión: miedo de vivir con miedo…

Llueve… miro por la ventana y llueve a cantaros… miro caer las gotas, chocar contra el suelo, explosionar y desaparecer en pequeños riachuelos recorriendo las calles directos hacia los alcantarillados… y yo me pregunto si después de caer del cielo, de lo más alto, chocarse de frente contra el suelo y pasar por la oscuridad de las tuberías que van a parar a ríos o al mar, ¿Les habrá merecido la pena todo el camino que han hecho para ahora discurrir en libertad junto a otras miles de gotas? ¿Eran lo que ellas querían de verdad? ¿O simplemente se han dejado llevar por la corriente que las arrastraba? Al menos me consuela que ahora están al aire libre en plena naturaleza… y en la naturaleza todo es más hermoso… todo se conecta y se piensa mejor… como yo, que estoy aquí pensando en el discurrir de la vida, tal y cómo lo hacen las gotas… veo pasar el tiempo tristemente en esta tarde de diciembre… desde la comodidad del interior de mi casa, detrás del cristal de la ventana, pegada al calentador, con una manta puesta en las piernas para no enfriarme y un té caliente en mi taza favorita entre mis manos, solo me separa un cristal muy fino, de apenas unos milímetros de espesor, de la comodidad en la que me encuentro del mundo exterior, del frio del invierno…

Sigue leyendo «Tarde fría de reflexión: miedo de vivir con miedo…»