Sensaciones con Leiva, la bañera y otras formas de volver a casa

Esa noche fue la tercera vez que vi a Leiva en concierto.

Y no sé qué tipo de magia tiene ese hombre, de verdad. No hay fuegos artificiales, no hay coreografías, no hay pantallas futuristas. Son cuatro tíos a la guitarra. Y sin embargo, hay algo ahí. Algo que te atraviesa el pecho y se te queda a vivir en la boca del estómago.

Siempre que salgo de un concierto suyo pienso lo mismo: yo no soy fan de Leiva; pertenezco a su ecosistema.

Porque hay artistas que escuchas, y otros que te construyen por dentro.

A Leiva no lo descubrí en una playlist ni en TikTok. A Leiva lo encontré conduciendo sola a la universidad, con el CD de Pereza girando en mi coche mientras cruzaba Madrid con veinte años y el alma hecha un lío.

Lo encontré en las fiestas de mi pueblo, sonando a fondo en los bares de barra pegajosa y corazones adolescentes.

Lo encontré debajo de una manta en pleno agosto con 39 de fiebre, llorando una canción mientras me dolía el amor y el cuerpo a la vez.

Lo encontré en mi bañera muchas noches de invierno, con espuma hasta los hombros, agotada del mundo, cantando bajito “Terriblemente cruel” como quien  trata de curarse el alma desde el agua.

Y lo volví a encontrar anoche, una vez más, con esa sensación de que no estaba sola del todo.

Leiva nunca ha sido un tipo que me parezca de una presencia imponente sino más bien especial, único en su estilo y atractivo a su manera pero no es eso… es más bien lo que transmite y como lo transmite. Tiene ese aire canalla de barrio madrileño, de tipo que no olvida de dónde viene, de hombre que aún te agradece que compres una entrada.

Y luego están los misterios: que si el sombrero (¿calvo? ¿no calvo?), que si los ojos (¿uno de cristal? ¿leyenda urbana?). Da igual. No quiero saberlo.

Porque hay personas que cuanto menos sabes, más sientes. Y sus canciones no se escuchan, se sienten.

Se siente en las letras que arañan, en las pausas que duelen, en esa forma de cantar como si no supiera hacerlo de otra manera.

En los dos primeros conciertos que fui de él, me acompañó alguien muy especial.

Un amigo al que quiero profundamente.

Nos conocimos en Madrid hace años y construimos una amistad que fue hogar en medio del caos.

Durante más de cuatro años compartimos tardes de cine, domingos de mercado, cumpleaños compartidos, paseos por Madrid Río, noches de té y películas en casa mientras el mundo allá fuera hacía ruido. Vacaciones en nuestro Cádiz del alma y siempre Leiva sonando de fondo… Además él era mi compañero de conciertos de Leiva.

Y ayer, en el tercero, no pudo estar.

Digamos que “no está en su mejor momento” como dice la canción, ahora vivimos en ciudades distintas y la vida a veces se pone difícil sin avisar.

Pero mientras Leiva cantaba Lady Madrid, con los ojos llenos de luces y la garganta apretada, le sentí ahí, conmigo, y reviví con nostalgia nuestra época dorada de treintañeros en la que exprimimos Madrid al máximo juntos. 

Le mandé vídeos del concierto como quien lanza un mensaje en una botella.

Y me di cuenta de que hay personas que siempre están, aunque ya no estén cerca.

También mi cabeza voló pensando en todas las veces que he vivido lejos. Colombia, México, Londres, Dublín. Y pronto… nuevos destinos aguardan!!

Y cómo cada vez que me siento fuera de lugar pasando largas temporadas en otros países, hay una canción que me devuelve a casa: Lady Madrid. Siempre es esa. La misma en bucle. Como si las guitarras tuvieran GPS emocional y supieran exactamente dónde estoy rota.

Anoche, cuando salí del concierto, escuché a gente muy niños aún diciendo que Leiva es la banda sonora de su vida. Y no voy a mentir: me dio un poco de risa. Porque hay cosas que no se pueden heredar por postureo. Una cosa es escucharlo ahora, y otra haberlo vivido siendo milenial (si lo eres sabes de que hablo) Una cosa es conocer la canción, y otra es haberla llorado en su tiempo con fiebre, con espuma, con miedo, con esperanza. Crecer y progresar en la vida al mismo tiempo que tu artista favorito. Y volver a ese estadio hoy después de veinte años escuchándole en sus diferentes etapas, encontrarse frente a frente con él llenando estadios todavía y tú sabiendo que también estás logrando tus sueños y todo lo que aún está por venir, acompañada de gente que amas profundamente en la butaca de al lado, de personas que no conoces pero que comparten el mismo sentimiento (o eso creo) y su música, cantando a pulmón abierto (aunque lo hago fatal) y saltando y emocionándome con su música como desde los inicios no tiene precio.

Yo sí puedo decirlo: Leiva es la banda sonora de mi vida.

Y no necesito que nadie lo entienda.

Solo necesito que siga tocando y haciendo conciertos de vez en cuando.

Besos Sensacionales de Allegra.

Sensaciones sin filtro: Crónica de un cansancio hermoso (Mi Quito querido)

No sé en qué momento dejé de distinguir si me dolía el cuerpo por la altura o por la vida.

Si era el estómago o el alma lo que pedía tregua.

Si el mareo era un virus invisible o el vértigo de estar justo donde soñé.

La ciudad me abrazó con niebla, con taxis ruidosos,

con reuniones que eran más promesa que presente.

Y yo, que venía con miedo a que no funcionara,

terminé funcionando más de lo que podía dar.

No sé cómo pasó.

Solo sé que un día me desperté liderando algo que parecía imposible,

y al día siguiente una parte de mí ya no quería demostrar nada.

Tuve frío.

Tuve fiebre.

Tuve éxito.

Tuve ganas de abrazar a alguien y no soltarle hasta volver a Madrid.

A veces pienso que los viajes —o ciertos lugares, ciertas circunstancias—

nos devuelven versiones de nosotros mismos que habíamos intentado evitar.

Y este, en concreto, me devolvió a la que se rompe sin permiso,

la que llora en un hotel mientras firma contratos,

la que extraña una lengua propia mientras traduce emociones en inglés.

También hubo un gesto. Y una frase.

De esas que no se gritan porque se dicen con los ojos,

porque nacen del cariño silencioso.

Un “cómo estás” con el tono exacto,

una presencia sin juicio,

un cuidado que no pidió nada a cambio.

Una forma de sostener sin sujetar.

De acompañar sin ruido,

de permitirme ser sin exigir.

Y aunque no tenga nombre ni título,

sé que ese gesto nacido de un corazón grande y tierno me sostuvo más que cualquier tratamiento médico.

Y fui.

Una mezcla rara entre mujer, niña, jefa y corazón a medio cocinar.

Me quedé quieta. Me dejé cuidar. Me dejé ver.

Ahora vuelvo.

A Madrid, a mi casa, a mis cosas.

Con una maleta llena de nuevas oportunidades, medicamentos, chocolate ecuatoriano y café colombiano.

A dejar que todo se recomponga.

Y una sensación nueva:

no tengo que demostrar nada a nadie.

Solo ser.

Y, si puedo, amar en mi idioma.

Aunque sea en silencio.

Gracias, Quito querido.

Por desnudarme el alma y el corazón con altura.

Por recordarme que a veces, solo a veces,

parar por un momento es la forma más honesta de ir adelante.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones de sueños que te hacen despertar

SUEÑO

Pusiste tu frente contra la mía, mirándome a los ojos con esa intensidad que lo devoraba todo, como si en tu mirada se librara una batalla silenciosa que solo yo podía entender. La música retumbaba en el aire, pero para mí solo existía el murmullo de tu respiración cerca, demasiado cerca. La pista de baile se desdibujaba entre luces azules y rojas, cuerpos en movimiento, risas ahogadas. Todo alrededor era ruido.

Agarraste mi nuca con fuerza, como si temieras que me desvaneciera en el aire, como si quisieras que el tiempo se detuviera en ese instante que no nos debíamos permitir. Tu otra mano en mi cintura, firme, como ancla, como grillete.

—Dime que esto no es un sueño —susurraste, y el mundo se detuvo.

Y por un momento te creí.

Por un instante volví a pensar que éramos posibles, que los años de idas y vueltas podían borrarse, que el daño, la ausencia y los silencios no pesaban más que este instante. Por un momento quise rendirme otra vez a ti, como tantas veces antes, como si no supiera ya el final de nuestra historia.

Pero lo sabía.

Y aún así me dejé arrastrar.

La ilusión se instaló en mi pecho como un veneno dulce, adictivo. Abrí la puerta de mi casa, de mi vida, de mi piel, y te dejé entrar otra vez. Fingí no recordar todas las veces que me dejaste atrás, todas las veces que prometiste y después desapareciste, volando lejos, siempre lejos.

Te creí.

Y luego volviste a hacer lo que siempre hacías.

DESPERTAR

No fue en una ciudad lejana ni en una noche cualquiera, sino en mitad de la nada, en un rincón perdido entre el mar y la selva, donde la traición ya no se molestó en esconderse. Allí estabas, con el agua resbalando por tu piel, con el reflejo de la luna partiéndose en la ducha al aire libre. No hubo sombras, no hubo puertas cerradas. No hubo ni siquiera el intento de disimular.

Me viste.

Y no hiciste nada.

No hubo explicaciones, ni excusas a medias. Solo el sonido del agua golpeando el suelo, el murmullo de la selva y el vacío brutal de entender que nunca tuve un lugar a tu lado.

Así que me fui.

Recogí mis cosas al amanecer, mientras tú aún dormías en otros brazos, ajeno a todo. Crucé la cabaña con una calma absurda, sin dramatismos, sin despedidas. Me fui del hotel.

No hice preguntas, no dejé notas, no miré atrás.

El mar me encontró sentada en la orilla, con el teléfono vibrando entre mis manos y tu nombre parpadeando en la pantalla. Nunca respondí.

Seguí adelante, más lejos de ti que nunca. Me convencí de que era la última vez, me prometí que ya no habría más segundas oportunidades, ni llamadas, ni mensajes tardíos que me revolvieran el alma.

Y sin embargo, a veces, cuando cae la noche y los recuerdos se cuelan en los sueños sin permiso, vuelves a estar ahí.

Con la frente contra la mía.

Con la mentira en los labios.

Con la misma pregunta en la boca.

Pero esta vez, aunque mi subconsciente me traicione, sé la respuesta.

Sí, era un sueño.

Uno del que ya desperté.

Besos Sensacionales de Allegra

Sensaciones de Amor de Verano

En domingos como hoy escucho constantemente la lista de música francesa que ponías en mi Spotify en mi móvil que nos acompañaba para tomar la última copa en el sofá y pasar la noche… se quedó guardada en mi biblioteca y ahora la aprovecho para erizar mi piel recordándote: tu gusto tan refinado, tan elegante, tu tono de voz tan francés y sensual susurrándome al oído, tus manos tan grandes y delicadas en aspecto y movimiento, tus labios gruesos y tan sabrosos sobre los míos, los cuales te gustaba sobre dibujar con tu dedo pulgar mientras tus ojos azules se clavaban en mi con esa mirada tan fija e intensa ardiendo en deseo, eran la chispa que encendían nuestro fuego, era ese gesto tuyo la llave que abría paso a la noche llena de pasión que nos aguardaba, tu cuerpo delgado y tonificado, con tus músculos sutilmente marcados, que me encantaba acariciar a besos de arriba abajo, y que me hacía enloquecer con cada lunar que descubría en cada centímetro de esa piel tan fina, casi translúcida y suave, estaba convencida de que todos esos lunares creaban constelaciones y contaban una historia casi mística uniéndolos con mi dedo en un basto dibujo a lo largo y ancho de tu espalda mientras lo hacía… echo de menos las noches de verano contigo, tus besos, tus abrazos tan espontáneos, tu sonrisa picara, nuestros planes improvisados en esas vacaciones que nos conocimos y conectamos, pero los amores de verano son eso… estacionales y pasajeros… vienen a llenar nuestra vida estival de emociones durante un ratito, para recordarnos que aún podemos sentir intensamente, que estamos más vivos que nunca, nos revuelven, nos emocionan, y luego se van… sirven para sonreír haciendo memoria en mitad del frío invierno…

Besos sensacionales de Allegra

Sensaciones de una historia en la que solo te permiten sentir a medias…

Parte 1: Del dulce inicio a la ilusa esperanza:

Dónde quedó esa ilusión del principio… esas conversaciones diarias por audio contándonos el día, tratando de descubrirnos cuando aún no nos conocíamos, tratando de acercarnos un poco más robándole tiempo al sueño nocturno, los buenos días, los calentones de media noche… esos nervios tuyos y míos de la primera cita, de no saber si mirar al frente o al lado porque de verdad que nos gustamos, esas conversaciones de interés y culto que me hacen conectar contigo a un nivel profundo, ese primer beso eléctrico en tu coche al despedirnos que nos dejo con ganas de más a ambos, esas tardes de cerveza, charla, bañera y cama después del trabajo… todo eso y más lo extraño! Sé que fue rápido, loco, desordenado, pero surgió así sin más… no pude ni quiero controlarlo… entiendes? Me dijiste que todo iría más fluido, más corrido… y aquí sigo esperando a que des el paso, a que sueltes el control y te lances sin frenos descontrolado… a que tu miedo a sentir se te pase, y tus ganas de tenerme sean irremediablemente más grandes!!

Parte 2: De la desilusión a la decepción:


Me he cansado de ser tu objeto, de que solo quieras sexo y me exhibas como florero, que te atrevas encima a ponerle límites a lo que sea que es lo nuestro, y por ello no permitirme avanzar, no poder expresarme con claridad y de corazón por si te molesta o te asusta, a que me digas que soy maravillosa y sexy, arrebatadora, inteligente… que cualquier otro chico lo daría todo por mi, por estar a mi lado, pero que tú no estás preparado, que solo puedes darme tus migajas a altas horas de la madrugada o un día entre semana después del trabajo, que no tienes tiempo para dedicarme un sábado, ya me he cansado de conformarme con pedazos de ti, con tenerte solo a medias, cuando realmente lo quería todo, ya no puedo soportar más lo insostenible por adaptarme a tu pájara mental y yo verme sufrir así, porque me merezco a alguien que venga directo, con las ideas claras, que apueste de verdad todo a una, sin inseguridades ni miedos, lo siento, no te diré que tú has perdido… más bien te digo que yo he perdido el tiempo…

Besos Sensacionales de Allegra

El Amor tiene cura o eso dicen…

He comprendido que estoy enferma de amor, que la fiebre y la calentura de esta última semana tienen que ver contigo, que las noches de insomnio pasadas son por las horas que dedico a pensar en ti y no por la molesta tos, mi cuerpo me pide que reaccione, me dice que basta ya, que descanse y que desconecte, y como yo no paro me obliga a parar, mi cabeza echa humo y mi corazón arde en un fuego que nunca se apaga, pero ya no puedo más… cada vez que te vuelvo a ver las ascuas que dejaste de la última vez se reavivan dentro de mi, y la fiebre vuelve… y la obsesión vuelve… el otro día delante del retrato de Juana la Loca lo entendí, estoy enferma de amor como ella, o quizás sea obsesión… ahí mismo tú me dijiste que ella no era un ejemplo a seguir, que había pasado encerrada más de la mitad de su vida… y yo no vivo encerrada en una torre, pero vivo prisionera de mis sentimientos por ti, ellos sí que viven encerrados en mi corazón, deseando manifestarse, queriendo brotar a través de mi boca con miles de “te quiero” cada vez que te veo… queriendo besarte y abrazarte sin parar a través de mi cuerpo… pero yo no les dejo, les obligo a vivir entre rejas prisioneros… simulando una falsa amistad que no existe solo para poder verte y que tú te sientas en paz, pero ya no más… yo no me siento en paz… yo sueño con estar contigo, aquí, ahora y dónde sea, me da igual el lugar, el país y la ciudad, eres mi amor platónico desde que comenzó mi adolescencia, el que admiro, el que anhelo, el que quiere mi alma, por que si por mi fuera ya no te querría… pues no hago otra cosa que sufrir, o porque estás a miles de kilómetros o porque estás a mi lado y no te puedo tocar… ya no aguanto más y es hora de que lo sepas, no puedo ser tu amiga, y te pido perdón por ello, por ser tan débil de espíritu y tan frágil de corazón, por romper la promesa que te hice de conservar la amistad, pero no puedo entiéndeme… es imposible pasar cinco minutos a tu lado sin que me saques una sonrisa, me hagas reír, y al mismo tiempo sienta una profunda tristeza, y quiero vivir, vivir feliz y en paz, sentirme plena y correspondida, y no puedo obligarte a amarme porque yo soy la primera que clama libertad por todos los poros de su piel, yo nací libre y así quiero vivir; no quiero ser más esclava de mis emociones, sentirme febril por amor, quiero volar por el mundo libre de cadenas, quiero volver a ser la dueña de mi corazón… puedo vivir sin ti, no te necesito, pero mi alma, mi corazón se aferran a ti con demasiada fuerza, es un dolor lento y pausado, no sé cómo explicarte… es como una agonía lenta, si no te manifiestas lo sobrellevo, si tengo noticias de ti me emociono para luego hundirme de nuevo y tener que salir a flote… y ya me cansé de remolcar la barca constantemente, ahora con esta confesión ya sabes la verdad y me libero con ella… no me volverá a doler la garganta por no poder hablar y decirte lo que realmente siento y pienso, no volveré a tener fiebre por arder en tan intenso deseo… si quieres estar conmigo y vivir en un mundo de ensueño aquí estaré, como bien sabes mi puerta siempre está abierta para el verdadero amor, llama cuando quieras… y si no a pesar del dolor, respeto tu decisión, te deseo la mayor felicidad del mundo allí donde te encuentres con quien sea, con esa persona que te podrá dar lo que yo no pude… espero que entiendas que a veces es mejor renunciar y pasar el , la fiebre, la molestia y recuperarse aunque el dolor se haga mucho más intenso durante un período corto de tiempo que continuar alimentando la esperanza de algo que no tiene razón de ser, que por mucho que yo quiera y que no entienda nunca fue para ser… y aquí le vuelvo a pedir al de los imposibles que si no te decides por volver, por mi… que considere la opción B, que no es más que otro imposible mayor, que es el olvidarte y suprimir toda esperanza de mi corazón… te amo y te amaré siempre…

Besos Sensacionales de Allegra

¿Bailamos? Sensaciones eléctricas

Has vuelto a mi vida y de qué manera… llevo tres días luchando contra mis propios demonios internos, no consigo sacarme de la cabeza el pensamiento de que hubiera pasado si aquella noche no te hubieras marchado tan pronto, si al día siguiente no tuvieras que haber cogido aquel avión para irte a miles de kilómetros para volver a casa, o si yo me hubiera dejado llevar no haciendo caso a mis estúpidos principios de rectitud porque eres hombre comprometido, si me hubiera ido aquella noche contigo a tu habitación de hotel después de aquel baile… sí, todo comenzó por ese baile, ese baile que nos marcamos juntos después de la cena de cierre de la feria de trabajo que tuvimos esa semana, esa actividad empresarial que nos hacía volver a coincidir después de tres años…

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Sensaciones de ¡puta vida! y ¡sigue coño!

No pierdas nunca la esperanza ni tus sueños

Hoy te quiero contar como caemos y somos capaces de levantarnos, que somos más fuertes de lo que pensamos, de que tenemos libre albedrío, que se puede corregir el rumbo de nuestras vidas y recuperar sueños, que nunca es tarde… pero hoy lo hago a través de mi propia experiencia, sin coger historias prestadas ni personajes inventados, hoy quiero ser yo misma y contarte en primera persona si me lo permites…

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¿Nos hemos vuelto indolentes ante la desgracia ajena?

La triste historia de Juan

Juan es hijo único, tiene 25 años, ha estudiado un grado de formación profesional que a día de hoy todavía no le ha servido o no ha sido suficiente para encontrar un trabajo estable.

Juan era un chico de clase media, con una vida completamente normal, su familia no podía permitirse grandes lujos pero vivían bien: trabajos mileuristas, casa, coche y vacaciones en el pueblo a excepción de una semana en la playa al año, lo típico por allá antes de la crisis…

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